Inspiracíon
November 18th, 2008“Fue Illich quién le prestó a Hyde un libro de Antropología que contenía un capítulo sobre el Ensayo de Intercambio de Regalos, de Marcel Mauss. El curso intelectual de Hyde durante los siguientes años había sido establecido”.
El trabajo cautivó a Hyde. Había un lenguaje que me parecía metafóricamente relacionado a la creatividad”, me dijo. Mauss era un erudito del tipo polifacético, un sociólogo, un lingüista, un historiador de religión, un experto en Sánscrito, un filósofo. Su ensayo sobre Intercambio de Regalos se inspiró en los trabajos de los etnógrafas del siglo Franz Boas y Bronislaw Malinowski , para explorar las sociedades aborígenes en las que la persona que trasciende –el hombre o la mujer que es considerado digno de adulación, respeto y emulación– no es el que acumula la mayor cantidad de bienes, si no el que los cede. Las economías de los regalos, como Mauss las define, están marcadas por circulación y conectividad: los bienes solo tienen valor mientras y tanto sean tratados como obsequios, y los obsequios pueden permanecer como obsequios siempre y cuando sigan siendo otorgados continuamente. Esto resulta en un tipo de motor de cohesión comunitaria, en la que los objetos crean lazos sociales, psicológicos, emocionales y espirituales, conforme pasan de mano en mano.
Las ideas resonaron profundamente con Hyde. Durante casi una década, él había estado luchando tratando de explicar –a su familia, a sus amigos no-artistas, a sí mismo- por que dedicaba tanto de su tiempo y energía a algo tan no remunerativo*remunerable como la poesía. Los escritos sobre el intercambio de regalos – por ejemplo, cuentos, de Tribus del Mar del Sur, sobre nativos rotando conchas y collares en un numeroso círculo de lento movimiento, alrededor de las islas Trobriand—le dieron la herramienta conceptual que él necesitaba para entender su predicamento, que era, según creía; el predicamento de todos los artistas que viven, “ en una época en la que sus valores son valores de mercado, y cuyo comercio consiste casi exclusivamente en la compra y venta de comodidades”. Por siglos la gente ha hablado de talento e inspiración como regalos; el argumento básico de Hyde era que este lenguaje debía extenderse de igual manera a los productos del talento y la inspiración. Contrario a una comodidad, cuyo valor empieza a declinar en el momento que cambia de manos, una pieza de arte gana valor por el hecho de ser divulgado—publicado, mostrado, escrito sobre, pasado de generación en generación—por ser, en su esencia, un ofrecimiento.
Texto extraído de:
What Is Art For? (¿Para qué es el arte?) Por: DANIEL B. SMITH
Publicado: 14, Noviembre, 2008
http://www.nytimes.com/2008/11/16/magazine/16hyde-t.html?pagewanted=all
“It was Illich who lent Hyde a book of anthropology that contained a chapter about Marcel Mauss’s essay on gift exchange. Hyde’s intellectual course for the next several years was set.
The work captivated Hyde. “There was language in this which seemed to me metaphorically related to creativity,” he told me. Mauss was a scholar of the old polymathic sort — a sociologist, a linguist, a historian of religion, a Sanskrit expert, a philosopher. His essay on gift exchange drew on the work of the seminal turn-of-the-century ethnographers Franz Boas and Bronislaw Malinowski to explore aboriginal societies in which the person of consequence — the man or woman who is deemed worthy of adulation, respect and emulation — is not the one who accumulates the most goods but the one who disperses them. Gift economies, as Mauss defines them, are marked by circulation and connectivity: goods have value only insofar as they are treated as gifts, and gifts can remain gifts only if they are continually given away. This results in a kind of engine of community cohesion, in which objects create social, psychological, emotional and spiritual bonds as they pass from hand to hand.
The ideas resonated deeply with Hyde. For nearly a decade he had been struggling to explain — to his family, to nonartist friends, to himself — why he devoted so much of his time and energy to something as nonremunerative as poetry. The literature on gift exchange — tales, for example, of South Sea tribesman circulating shells and necklaces in a slow-moving, broad circle around the Trobriand Islands — gave him the conceptual tool he needed to understand his predicament, which was, he came to believe, the predicament of all artists living “in an age whose values are market values and whose commerce consists almost exclusively in the purchase and sale of commodities.” For centuries people have been speaking of talent and inspiration as gifts; Hyde’s basic argument was that this language must extend to the products of talent and inspiration too. Unlike a commodity, whose value begins to decline the moment it changes hands, an artwork gains in value from the act of being circulated—published, shown, written about, passed from generation to generation — from being, at its core, an offering.”
from:
Published: November 14, 2008
http://www.nytimes.com/2008/11/16/magazine/16hyde-t.html?pagewanted=all